Los poemas visuales de Agustín Berrueta

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Con gran humildad se define Agustín Berrueta (León, 1954) como “aprendiz de todo, maestro de nada”. De formación autodidacta cuando la fotografía aún era asunto de unos pocos, Agustín lleva toda una vida adentrándose y estudiando los entresijos de las cámaras y sus múltiples posibilidades. Nunca ha pertenecido a ninguna escuela ni movimiento, su catálogo de obras se nutre de los más diversos estilos sin detenerse en ninguno. Centrado en sus propias experiencias, así como en el mundo que le rodea, ha sabido crear una estética y una poética muy personal que plasma con gran acierto en todas y cada una de sus imágenes. Las diferentes atmósferas, texturas, gestos que nos presenta se proyectan mucho más allá lo representado, son algo más que simples fotografías. Agustín es un gran romántico que ve la belleza allí donde otros no la encuentran y la inmortaliza a través de su cámara para compartirla con todo aquel que quiera saborearla. Su universo de imágenes gira en torno a los múltiples temas que le atraen: la naturaleza, los objetos cotidianos, las actividades culturales, las naturalezas muertas, las abstracciones, a los que vuelve reiteradamente siempre que haya algo nuevo que mostrar.

A los 18 años se fue a estudiar a Salamanca donde fiel a sí mismo también bebió de varias fuentes. Allí conoció a Pepe Núñez Larraz, uno de los grandes cómo le define, que le enseñó a mirar dos veces las cosas. En esa ciudad se adentró más a fondo en el mundo de la fotografía y realizó sus primeras exposiciones tanto colectivas como individuales. A su vuelta a León en 1987 continuó con las exposiciones individuales, aunque sin insisitir demasiado en ello, centrándose más bien  en trabajos relacionados con la fotografía, como reportajes en revistas y portadas de libros.

Resultado de su inagotable curiosidad son una serie de fotografías realizadas mediante películas polaroid expuestas en la muestra que se puede visitar hasta el 17 de Septiembre en el Palacio de Don Gutierre en León. Las cámaras polaroid eran un instrumento de trabajo fundamental en los estudios de los grandes fotógrafos. Estos utilizaban este tipo de imágenes como trabajo previo para sus composiciones hasta que alguien lo calificó como arte. El proceso utilizado en el caso de Agustín consiste en insertar una de éstas películas en una cámara de fuelle; previamente a la plasmación de la imagen en su propia base ésta se saca de la bolsa que la reviste y se transporta inmediatamente para que la emulsión se adhiera a otro soporte distinto al suyo original. El efecto resultante es de textura mate, aterciopelada y de tonalidades muy sutiles. Valiéndose de este método realiza estos bodegones con raíces, hojas secas, conchas, uvas, girasoles, etc. que tienen como protagonista al esqueleto de una bicicleta oxidada cuya historia se podría ver como una alegoría de su manera de entender la vida. Pura poesía visual.

Irudi berria

Fotografía de Juan Luis Gx

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