Jesús Martínez, el arte de los móviles

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“Calder me entró por los ojos y me está saliendo por las manos”. Con esta vehemencia define Jesús su modus operandi. No hay duda de que Calder se coló y se quedó para largo desde aquel primer encuentro con dos obras suyas en el Edificio Fierro de León, año 1997. De aquellas sólo contaba 22 años y estaba realizando la carrera de Derecho. No estaba atravesando un buen momento personal y la visión de aquellas esculturas supuso un revulsivo en su vida, le mostró un camino a seguir. Desde entonces, el sólo, sin maestros ni estudios artísticos de ningún tipo, comenzó a crear sus esculturas a base de prueba y ensayo, montando materiales uno tras otro en busca del equilibrio. Ahora lo hace a ojo, no utiliza las matemáticas ni ningún otro tipo de conocimiento científico.

Pero cuando Calder llegó ya se encontró el camino allanado. Las cosas no ocurren sólo por azar. Un profesor del instituto le inculcó el amor al arte, estudió algo de diseño que le ha valido a la hora de idear las piezas y su pasión por la filosofía revela una sed de conocimiento que sitúa a las personas como él en una situación de búsqueda constante, siempre alerta. Sobre esta base se asentaron las nuevas ideas y la constancia ha realizado el resto del trabajo.

Desde que en 1928 Picasso comenzara a experimentar con pequeñas figuras hechas de alambre, muchos otros artistas han transitado por la misma senda. Utilizando el mismo material y una técnica similar, cada cual lo ha adaptado a su propio estilo consiguiendo unos resultados completamente diferentes. En el caso de Jesús, éste ha hecho suya la técnica de los móviles, y en su cabeza imagina animales imposibles que después materializa en chapa. Sus esculturas, biomórficas o zoomórficas, recuerdan al lenguaje utilizado por algunos surrealistas como Miró, Yves Tanguy o Jean Arp.

Recicla por necesidad, ya que las primeras veces no tenía ningún material en casa y utilizó todo aquello que tenía a mano. Hoy en día, aunque utiliza mucho material de primera mano, sigue reutilizando todo aquello que puede. Con alambres y chapas de metal pintadas con los cuatro colores primarios realiza pequeñas esculturas orgánicas reducidas a contornos que recortan suavemente el espacio desafiando a la gravedad. Las obras son livianas, cómo líneas suspendidas en el aire. Una leve brisa altera su estructura y genera un movimiento contenido, mutando su forma inicial. Esta característica engloba el arte de Jesús dentro del conocido arte cinético, surgido en los años cincuenta y cuya pretensión era romper la condición estática de la escultura e introducir el movimiento, bien sea real o virtual.

Actualmente se puede contemplar la obra de Jesús Martínez en Espacio_E, en la calle Azorín, junto al parque de Quevedo. Allí se muestran sus móviles y sus esculturas-móviles o estables, éstos con una base fija y un móvil sobre ésta que desafía la ley del equilibrio. La visita supone una experiencia visual con formas en constante cambio.

 

Estabiles

Estabiles


Más información sobre Jesús Martínez en https://www.facebook.com/pages/Ciudadano-Cin%C3%A9tico-Jes%C3%BAs-Mart%C3%ADnez/265217400293808?fref=ts

 

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