“Lejano viaje al interior” con Gonzalo Prieto Cordero

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Gonzalo es un artista a tiempo parcial que disfruta plenamente del arte de pintar. Perito agrícola entre semana, pintor el fin de semana, son incontables los premios de pintura rápida ganados hasta el momento, premios que le llevan a recorrer la península plasmando en el lienzo sus paisajes, arquitecturas y paisanajes. Aunque lleva dibujando toda su vida, copiando y recreando los dibujos de los comics que le facilitaba su padre, sólo hace trece años que decide tomarse la pintura más en serio. Desde entonces, combina la pintura más figurativa de los concursos con la abstracción de su obra más íntima, aunque en ambas se puede distinguir su impronta personal.

Su gran pasión por la pintura y el pesar por no haber realizado la carrera de Bellas Artes le llevaron hace algo más de una década a apuntarse a clases de pintura. Pero aquello de copiar del natural no era lo suyo, Gonzalo ya llevaba dibujando mucho tiempo y estaba cansado de plasmar en el lienzo los detalles del mundo exterior, necesitaba encontrar la autenticidad de la pintura, del puro acto de pintar, el valor artístico de la mancha, de las texturas, de las formas. Así que cambia de escuela y decide acudir al Centro Leonés de Arte donde su profesor, Lászlo Bartha, percibe sus ansias por expresar su mundo interior y le anima a continuar por el camino de la abstracción que estaba iniciando.

Comienza su trayectoria artística pintando en horizontal con la técnica del dripping (goteado de la pintura) como hacía Jackson Pollock en los años 50, pero con el tiempo va creciendo su interés por el color, por subrayar el material pictórico y sus infinitas posibilidades. Si bien sigue fiel a la abstracción, su evolución dentro de ésta ha sido vertiginosa. En el camino recorrido se revela una profunda investigación con diferentes materiales con los que crea texturas y tramas que enriquecen sus obras, añadiéndoles expresividad. Este insistente interés por los materiales y sus efectos ha derivado en un lenguaje visual en el que la mancha se erige como principal protagonista, restando énfasis a la pincelada. La mancha primigenia, aquella con la que creaba los fondos para sus lienzos, se ha convertido en el núcleo de la composición, desvaneciéndose sobre el lienzo en campos de color que el artista extiende valiéndose de una paleta que se ha reducido drásticamente hasta lo esencial,  destacando más si cabe el centro de la composición. Sus obras ahora son serenas, tranquilas, despojadas de elementos sobrantes como resultado del viaje interior iniciado hace unos años. El artista se centra en los detalles formales y cromáticos acentuando su valor y poder expresivo.

Sin embargo, pese a que parece que Gonzalo ha encontrado un camino a seguir, el artista sigue buscando respuestas. La reciente obra Con el alma en los huesos que presenta en su próxima exposición lejano viaje al interior el 28 de marzo en la sala de exposiciones que la Fundación BBVA tiene en Oviedo (C/San Francisco, 2), es buen testimonio de ello.

 

Con el alma en los huesos

Con el alma en los huesos

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