Boris Woronzow, un artista marcado por la guerra

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Si nos dijeran que la vida de Boris Woronzow pertenece al guión de una película nos lo creeríamos a pies juntillas. Los padres de Boris, pertenecientes a la aristocracia rusa, vieron su vida peligrar con la explosión de la revolución en su país y emigraron a Berlín en busca de una vida tranquila. Allí nace y vive, hasta finalizar sus estudios de Ciencias Políticas, Boris. Tras obtener la licenciatura se traslada a Suecia a ampliar su formación con estudios de publicidad, fotografía y cine. Reside en el país durante tres años antes de trasladarse definitivamente a Venezuela en 1949 huyendo nuevamente de la guerra, ésta vez de la II Guerra Mundial. Una vez allí comienza a desarrollar trabajos publicitarios que compagina con la dirección y producción de varios documentales, uno de los cuales fue premiado en el Festival de Cine de Edimburgo. En 1960 su interés por las artes le lleva a realizar los estudios de dibujo y pintura en el Taller Libre de Arte en Caracas y comienza a exponer por el país y en el extranjero. Trabaja asimismo con la cerámica (murales y esculturas), esmalte sobre metales (joyas), orfebrería, y  serigrafía.

Realiza su última exposición en Caracas en 1983, momento en el que comienza a investigar una nueva técnica de pintura al óleo diluido sobre una superficie lisa, técnica que domina a la perfección y que utiliza desde entonces, aportando unos acabados muy personales a sus trabajos, que no son mostrados al público hasta que su familia decide sacarlos a la luz tras su fallecimiento. Coincidencias de la vida, en esta ocasión será su obra y no su persona quien viaje hasta España, concretamente a León, huyendo de la difícil situación política que vive el país latinoamericano en estos momentos.

Las obras de Boris son fiel reflejo de sus vivencias. En ellas se pueden apreciar influencias de prácticamente todas las vanguardias artísticas que a principios de siglo surgieron en el Norte de Europa. Conceptualmente tienen grandes similitudes con el surrealismo analítico; Boris se centra en realizar un análisis muy personal de la realidad del momento, centrado en el ser humano y con una total ausencia de paisaje. Sus obras son reflejo de las vivencias y miedos vividos durante su infancia huyendo de los diferentes conflictos. El resultado son unas obras muy complejas, intrigantes, en las que el hombre aparece a la vez como juez y verdugo, como símbolo del poder y del sufrimiento. Estilísticamente el artista lo resuelve con el contraste entre las líneas y ángulos rectos realizados con una piedra ojo de tigre frente a otras figuras con un estilo más suelto y libre, sin detalle, realizadas con pincel, repartidas por un espacio descompuesto en diferentes planos y una iluminación absolutamente irreal. La paleta de colores intensifica el trascendentalismo del ambiente.

 

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3 comments

    1. Hola ilargia64. La obra de Boris viajó a España recientemente con la familia y se encuentra aquí en la actualidad. Este año esperamos que se exponga al público, ya os lo adelantaremos en El cajón del arte cuando tengamos las fechas. Un saludo.

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