MARTINFERRE, un cuarto de siglo retratando su territorio

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Montañero entusiasta, caminante incansable, Casimiro Martínez Ferrero (Bembibre, 1960), más conocido como Martinferre, ha recorrido prácticamente todos los senderos de la provincia que le da cobijo con la cámara al hombro. Se inició en la fotografía de manera autodidacta en 1978, mas bien atraído por el universo del cuarto oscuro que por la fotografía en sí, atracción que sigue sintiendo hoy en día a pesar de la práctica desaparición de la fotografía analógica desde la irrupción de la tecnología digital. Comenzó fotografiando los parajes que recorría, con una mirada que recuerda a la pintura romántica del siglo XVIII, representando paisajes sublimes, nieblas matinales, árboles o edificios en ruina, un retrato simbólico de la insignificancia del ser humano frente a la naturaleza. Hasta que descubrió en esos paisajes la presencia del ser humano, hecho que marcó la identidad de su trabajo desde entonces. Cambia el retrato de lo infinito por la representación de lo finito. Su mirada gana en humanidad, su atención se centra en las personas que habitan esos remotos lugares y su relación con el entorno. A través de la información que nos ofrece con las imágenes nos invita a realizar una construcción social de los espacios geográficos representados. Con sus fotografías ha escrito algunas líneas de un retrato de su “territorio”. Pero a Casimiro las imágenes no le parecen suficientemente precisas para describir el ambiente que las rodea, al fotografiar siempre se elige una parte y se descartan otras, mostrando un discurso incompleto, abierto, que él decide completar con palabras, logrando un maridaje perfecto que ya lleva 54 capítulos publicados en su columna Territorio, de La Nueva Crónica de León.

Con el cambio de milenio decide explorar nuevas vías de expresión. Su fascinación por la alquimia que transmuta la luz en imagen le lleva a abandonar el retrato de lo ajeno para volcarse hacia adentro en un intento por ahondar en su subconsciente. Aún así, conceptualmente su obra continua siendo sencilla, sin esconderse tras ningún discurso oscuro; Martinferre no necesita temas dramáticos o motivos exóticos. Valiéndose de materiales humildes y de la magia de la luz, desde la oscuridad de ese cuarto oscuro que es su energía vital, ha insuflado vida a las figuras prehistóricas que lleva tantos años documentando y que habían encontrado morada en su interior. Series como Bestiario o Harén de danzarinas, que actualmente se exponen en la Galería ponferradina Dosmilvacas, son el resultado de esta nueva vía de trabajo por la que transita en la actualidad el fotógrafo. Una etapa en la que convergen todos sus conocimientos previos, tanto los históricos como los técnicos, para desvelar misteriosas figuras, sin perder un ápice de la profundidad, pureza y sencillez de los trabajos anteriores.

Aparte de sus trabajos fotográficos Martinferre ha escrito libros como Aires de xistra (1997) y Diario de un montañero (1993), en los que recoge relatos de viajes y fotografías; Manuscrito de los brujos (2011), que es su última obra publicada; y tiene listos para editar otros dos libros: Territorio  y Flores para mi funeral. Su serie Territorio se publica cada domingo en La Nueva Crónica de León.

 

La obra de Casimiro se puede ver actualmente en:

Galería Dosmilvacas

Galería Murillo, Oviedo

 

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