En el taller con Nicolás Roa

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El espacio en el que Nicolás Roa (León, 1977) da rienda suelta a su imaginación es, además de estudio de arquitectura, taller de pintura. En  esta pequeña estancia cohabitan los objetos coleccionados durante décadas, con las carpetas llenas de planos, y desde hace una semana con los caballetes y pinturas. Reina un orden muy particular, los objetos están juntos pero no revueltos, cada cual ocupando su lugar pero sin invadir el del vecino de estantería. Al igual que ocurre en sus trabajos, los espacios en blanco comparten lugar con otros de mayor abigarramiento. La comlejidad reside en mantener ese mismo equilibrio en el interior de uno mismo y poder saltar de una disciplina a otra sin mezclarlas como hacía Le Corbusier.

A pesar de su relativamente corta trayectoria artística, hace tan sólo cinco años que realizó su primera exposición en el desaparecido bar Velarde (León), Nicolás ya ha desarrollado un estilo muy personal a base de rayas y  colores. Dice el artista que “siempre ha dibujado con el mismo estilo con el que lo hacía siendo niño”, un estilo aparentemente directo y espontáneo bajo el que subyace un notable trabajo previo de organización que denota técnica y estudio. Sin abandonar por completo la figuración, sus trabajos se acercan mucho al expresionismo, con un arco cromático rico y diverso, aplicado con gran audacia. Las figuras, construidas a base de gestos próximos al garabato aplicados con libertad, muestran una cierta contención. Moderación y agitación, línea y color, mantienen una rivalidad sobre el lienzo sólo aplacada por los amplios espacios en blanco de los que se vale el artista para suprimir toda alusión espacial.

La producción de Nicolás se ordena en torno a temáticas recurrentes cuya base se encuentra en la repetición de los motivos: series de autorretratos, personajes anónimos, flores, grandes obras de la Historia del Arte que reinterpreta a su manera… Su obra está cargada de referencias culturales explícitas, que él adapta con gran frescura, reduciendo las figuras a esquemas elementales para después recomponerlas. En las series de multitudes, éstas adquieren una fisonomía propia, entre la figuración y la abstracción, convirtiéndose en una aglomeración que lo ocupa todo.

Es la hora de marchar. Nicolás continua trabajando infatigablemente aunque no lo parezca; su mente no descansa. Como una esponja embebe todo aquello que ve y escucha y lo adapta a sus necesidades. Está preparando una página web donde poder visitar su obra, y aunque aún está en proceso de construcción, nos deja su enlace para que podamos echarle un vistazo: www.yoniko.es

 

picasion

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