Wilhem Lehmbruck, los desastres de la guerra

Wilhelm Lehmbruck, mujer arrodillada, 1911

Wilhelm Lehmbruck, mujer arrodillada, 1911

 

Aunque en muchas ocasiones pretendamos separar el entorno histórico social del artístico convirtiéndolo en un acto independiente e individual, es indiscutible que las circunstancias afectan al ser humano y cómo tal al artista y a su obra. La I Guerra Mundial tuvo tremendas consecuencias humanas, no sólo por el número de caídos en la contienda sino por las terribles secuelas de los excombatientes. Es inevitable que el arte, como plasmación de las emociones del artista, refleje todo este sufrimiento. Anteriormente hemos presentado en esta sección a varios artistas a quienes la crueldad de las contiendas los dejó gravemente heridos psíquicamente, en una situación tan desesperada que no encontraron otra salida que la de poner fin a sus vidas. El escultor alemán Whillem Lehmbruck (1881-1919), figura cumbre de la escultura moderna y claro exponente del expresionismo, fue una víctima más de los desastres de la guerra.

Hijo de una humilde familia minera, realizó los estudios de artes aplicadas en Düsseldorf y se ganaba la vida ilustrando libros. Viajó por Italia y pasó cuatro años en París. En 1908 se casó con Anita Kaufmann con quien tuvo dos hijos. Como una esponja, absorbía todo lo que veía y lo iba reflejando en sus obras. En París conoció la obra de Maillol, de quien adoptó la noción de sensualidad del escultor francés visible en sus primeras obras, pero que iría abandonando tras conocer a Picasso, Derain Archipenko o Brancusi, determinantes para consolidar el estilo del alemán. Durante estos años, considerados la cúspide de su carrera, participó activamente en el movimiento expresionista en Berlín. Comenzó a utilizar las distorsiones en sus trabajos, los alargamientos, sus famosos desnudos angulares que emanan tanta desesperación, como Mujer arrodillándose (1911, Museo de Arte Moderno, Nueva York), considerada una obra maestra. A pesar de exponer sus trabajos por gran parte de Europa y E.UU, su obra fue rechazada por los grandes críticos, aunque alabada por sus amigos artistas. Toda la familia vivirá en la más absoluta indigencia, en una vivienda que también hacía las veces de taller y sin dinero para fundir las esculturas de gran tamaño que había realizado.

Con el comienzo de la guerra se vió obligado a volver a su país en 1914 y a servir como enfermero en los hospitales de guerra. Los horrores vividos le sumieron en una profunda depresión de la que trató de escapar huyendo a Suiza en 1917 donde montó un taller. Al acabar la guerra se volvió a mudar a Berlín, y fue elegido socio de la Akademie der Künste. El 21 de marzo de 1919, incapaz de superar la grave depresión que padecía, sumada a los problemas con su mujer debido a un amor no correspondido por una actriz de teatro que le sirvió como modelo, decidió poner fin a su vida a la temprana edad de 38 años.

 

Joven sentado, Wilhelm Lehmbruck, 1916-1917.

Joven sentado, Wilhelm Lehmbruck, 1916-1917.

 

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