Hemingway y “La Masía” de Miró, amor a primera vista.

 

La masía, 1921-1922. Joan Miró

 

Miró se trasladó a París por primera vez en 1920, donde viviría pobremente en un hotel realizando solamente una comida al día. Allí coincidió con Pablo Gargallo, que le cedió su estudio en la rue Blomet durante los meses invernales, estudio adyacente al de André Massón, del que se hizo gran amigo. Durante aquellos años mantendría asimismo una gran amistad con Ernest Hemingway, a pesar de sus personalidades tan diferentes, que le introdujo en la comunidad intelectual anglosajona en París: Gertrude Stein, Joyce, John Dos Passos, Henry Miller… con los que se reuniría a menudo en la librería Shakespeare & Company.

En la obra de sus inicios se encuentran influencias fauves, cubistas y expresionistas, incluso pinturas planas de aire naïf como en La Masía, considerada como punto de inflexión en su carrera. A partir de su estancia en París en 1920 su pintura se vuelve más onírica, coincidiendo con el surrealismo, movimiento al que se une temporalmente.

El cuadro de La Masía, realizado entre 1921 y 1922, es uno de los cuadros más importantes en la evolución del estilo del pintor, y el más apreciado por su creador. En él muestra su relación con la casa familiar en Montroig, en la que pasó largas temporadas, representada con un estilo acusadamente realista y descriptivo, en el que registra todos los objetos con cierto aire onírico y que marcaría un cambio respecto a su producción anterior. En ella el artista anticipa los motivos posteriores: los astros y la tierra, los pájaros y los animales.

Terminada la pintura, inició un recorrido entre galerías y marchantes para poder venderla. Rosenberg, marchante de Picasso, accedió a tenerla en depósito, pero al cabo de un tiempo y ante la insistencia de Miró, le sugirió dividir la tela en trozos más pequeños para que su venta fuera más fácil. Miró, enojadísimo, se la llevó para intentar sacarla por su cuenta. Ernest Hemingway se enamoró de la obra nada más verla, algo tarde, para entonces ya estaba reservada por su amigo el poeta Evan Shipman. Hemingway no pararía hasta adquirirla en 1925 para regalársela a su mujer Hadley, de la que posteriormente se separó. Cuenta el profesor Alex Fernández de Castro en la recientemente publicada La Masía. Un Miró para Mrs. Hemingway, que Hemingway y Shipman se jugaron a los dados quien se quedaba con el cuadro, apuesta que ganó el escritor al poeta. Esa noche, Hemingway recorrió junto a Shipman y Dos Passos los bares y restaurantes de París con la intención de pedir dinero a los amigos y conocidos. Tras reunir los 3.500 francos que Miró pedía por ella, el grupo se llevó la tela en un taxi descubierto que la inflaba como si de un barco de vela se tratara.

A pesar de ser un gran coleccionista de arte, Hemingway tenía una importante colección de arte con obras de Paul Klee, Juan Gris o André Masson entre otros, La Masía acompañó al escritor a lo largo de toda su vida. Tras la separación de su mujer, ésta se quedaría la obra en propiedad, pero Hemingway se la pidió prestada una temporada y nunca se la devolvió. Desde 1986 se puede visitar en la National Gallery de Washington.

 

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