La energía contenida de Mónika Aramburu

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Sorprenden la paz y sosiego que respiran las acuarelas de Mónika Aramaburu al ser obra de una mujer que es un torrente de vitalidad. Nacida en Madrid, Mónika ha residido en varias ciudades antes de asentarse en León. No se sabe si por mucho tiempo, especialmente si nos dejamos llevar por elucubraciones e interpretamos su actual exposición en la Sala de Arte Murillo de Oviedo como una metáfora de su propia realidad. La muestra acoge, bajo el título de Pa-quete vas, una serie de acuarelas que representan, con su característico estilo y los objetos que generalmente le acompañan, una mudanza: Medios de transporte, camas vacías, paquetes, clicks de playmobil… le ayudan a ello. Encontramos así mismo en estas obras otro de los elementos inconfundibles suyos, las cuerdas, ataduras imaginarias que le sujetan a la rutina diaria impidiéndole volar, y que paradojicamente en esta ocasión aparecen rotas.

Reconocida por sus acuarelas hiperrealistas de gran formato, inició su carrera artística de manera autodidacta realizando obras abstractas en acrílico y exponiendo de la mano de su padre, arquitecto de profesión y artista por vocación. Comenzó sus estudios en la Escuela de Artes Aplicadas de Huelva y de León pero no los terminó, quizás por esa impaciencia que le empujaba a beber de otras técnicas que en esos momentos le llamaban más la atención. Pronto se decantó por una de las técnicas artísticas más difíciles, la acuarela, que utiliza casi exclusivamente en la actualidad y con la que se siente cómoda. La acuarela le permite lograr unas obras muy vivas, mostrando gran dominio de la técnica al lograr una fusión de los colores muy bella y sugerente. La textura del soporte, en este caso el papel de grano visible, aporta gran cualidad plástica a las obras. Es un procedimiento que generalmente se utiliza para realizar paisajes u obras abstractas, raramente para representaciones tan precisas como las de Mónika, especialmente en esos grandes formatos. Requiere de una gran espontaneidad y seguridad en los trazos, y de gran paciencia para no remover las capas y veladuras anteriores.

Para Mónika la pintura es un motivo de evasión, una catarsis que le permite realizar una purga de aquello que le molesta. Con cada exposición quema una etapa. Realiza esta tarea por las noches, momentos de mayor tranquilidad en los que nada ni nadie le distraen. Plasma lo cotidiano de manera subjetiva, presentando objetos sencillos como metáforas de las vivencias y sentimientos más íntimos, como hizo en la exposición realizada para el Auditorio de León Huellas involuntarias o la actual Pa-quete vas.

Ha realizado gran número de exposiciones tanto individuales como colectivas y ha sido seleccionada y premiada en diferentes certámenes. Compagina su trabajo más personal con clases de pintura en Burubú y con encargos como tarjetas para comuniones o bodas, fundas de tablets, teléfonos, cuadernos…

Hasta el 25 de mayo se puede visitar la exposición Pendientes de un hilo en la Fundación Vela Zanetti. La muestra estará abierta al público de martes a viernes de 10:00 a 13:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas.

La serie Pa-quete vas estará expuesta hasta el 18 de mayo en la Sala de Arte Murillo de Oviedo, y posteriormente viajará a la Galería Bernesga de León.

 

Mónika Aramburu. Sin título, 2016. Acuarela sobre papel. 93x802 cm

 

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